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Los Principios rectores son los siguientes:

  • El interés del niño prevalece sobre todo. Los niños y los adolescentes que están en CIMA necesitan una rehabilitación, en otros términos, necesitan ayuda para superar ciertas dificultades personales. El programa está diseñado de manera a acompañarlos en este desarrollo tanto físico, como intelectual, emotivo, psicológico y social.
  • El niño no es un objeto, es un ser humano con derechos. Los niños y los adolescentes son respetados como personas y cuentan con todos sus derechos.
  • El programa tiene una base humanista cristiana donde se rescata los valores del Evangelio. Los niños y adolescentes reciben una formación cristiana. El equipo de CIMA busca vivir los valores del Evangelio, procurando que los adultos que allí trabajan sean personas que, en su vida personal tanto como en sus interacciones con los niños , reflejen esos valores.
  • Es importante el amor profundo e incondicional para todos por igual. El amor no depende del comportamiento. No se expulsa nunca a un niño o adolescente por mal comportamiento. Muchos han sido eliminados de colegios, hogares o de la propia familia. No se puede seguir repitiendo esas situaciones de rechazo, eso sería continuar con los fracasos que han dañado la autoestima de los niños y adolescentes.
  • CIMA favorece las relaciones con las familias, no suple la familia. CIMA trata de ser un hogar caluroso y acogedor pero el personal es consciente de que nunca va a poder reemplazar a la familia. La meta de CIMA es fortalecer los lazos familiares para permitir a largo plazo la reinserción del niño y adolescente en su familia.
  • El protagonista del programa es el niño inmerso en un grupo del cual forma parte activa. El niño pertenece a un grupo de 16 compañeros como máximo por casa. La interacción entre ellos es de importancia capital. Se busca romper el esquema que se limita a la interacción de un adulto con un grupo de niños. Cada uno es responsable de la buena marcha del grupo.
  • El ingreso a la casa hogar es por propia voluntad. El niño debe ser consciente que tiene problemas que resolver y querer su rehabilitación. CIMA no recibe a un niño que no quiere quedarse, porque tenerlo en contra de su voluntad sería contraproducente.
  • Si el niño o adolescente abandona el programa está libre de volver. CIMA es consciente que no todos pueden lograr su rehabilitación al primer intento. En caso que se repitan los abandonos del hogar en modo seguido, se propone a la familia que busque un programa más cerrado para su hijo.
  • Se promueve una comunicación constante con el niño y el adolescente. La comunicación es de primera importancia. Por eso, además de la atención psicológica y laintervención de los tutores, se insiste con todo el personal para que se aproveche cada oportunidad para conversar con los niños y adolescentes,
  • El niño o adolescente asume responsabilidades. La vida en comunidad implica que los jóvenes participen en el cumplimiento de algunas tareas para el beneficio de todos : limpieza, apoyo en la cocina, hidroponía y apicultura etc. La buena marcha del grupo depende del aporte de todos y de cada uno.
  • Se incentivan los valores relacionados al trabajo a través de la participación en talleres artísticos y de aprendizaje. En cada taller se espera una actitud de compromiso, una participación proactiva con todo lo que ello presupone de seriedad. Así, el joven desarrolla un comportamiento que le va a servir mucho.
  • Respeto mutuo y libertad en la relación entre los niños y adolescentes y el personal a su cargo. CIMA es muy exigente en el respeto mutuo. Siempre hay niños más débiles y existe la tentación de ridiculizarlos de parte de algunos compañeros. Se parte del principio de que cada uno tiene derecho a ser feliz, a ser respetado y no ser humillado. No hay contemplación al respeto. En cuanto al personal, obviamente la metodología educativa no sería posible sin el debido respeto.
  • La realización de un trabajo multidisciplinario elevando la autoestima y la confianza de los niños y adolescentes es necesaria. Cada integrante del equipo tiene una percepción, datos o instrucciones que al compartir con los demás permite a cada uno hacerse una idea más justa y completa de una situación, permitiendo ayudar mejor a los jóvenes. El enfoque del tutor, del psicólogo o de la asistenta social puede ser diferente, enriqueciendo el trabajo mutuo.

“Tantas veces en su vida, estos niños han sufrido el rechazo y la exclusión. Los múltiples fracasos, los abandonos y las defraudaciones les han llevado a dudar de sí mismo y de cualquier adulto que pretenda quererlos ayudar. La única manera de lograr un cambio verdadero es ofrecerles un amor profundo, personal e incondicional y una alternativa que puedan elegir libremente a la existencia de autodestrucción que viven en la calle. El niño cuya autoestima estaba al nivel cero a su llegada vuelve a creer en sí, a creer en los demás. La cirugía o terapia del amor ha provocado lo que parecía imposible: un cambio profundo que devuelve las posibilidades de una vida adaptada y feliz. Este proceso tan largo y difícil de la liberación no implica en ninguna forma debilidad, falta de exigencia de parte de los educadores o carencia de disciplina. Por el contrario, entender bien lo que vive el niño y sus necesidades, significa ofrecerle un marco de seguridad, de límites y de disciplina que tanto necesita para volver a encontrarse consigo mismo. Todo consiste en que a través de este laborioso y exigente proceso de autorregulación, el niño se sepa aceptado y querido.”

Jean-Louis Lebel – Fundador Presidente